Foto: Getty Images / HBA Noticias

La Cámara de Ámbar es considerada la octava maravilla del mundo. Siendo así, el 11 de octubre su misterio cumple 80 años después de que se la llevaran los nazis de San Petersburgo.

Mientras continúa la búsqueda del tesoro perdido durante la guerra, los turistas pueden admirar el encanto barroco de su réplica.

«Seguro que la encontrarán. Es mi intuición. Una obra de arte de ese calibre la debieron de ocultar tan bien que nadie ha podido encontrarla hasta ahora», comentó Larisa Bardóvskaya, investigadora del Palacio de Catalina, hogar de la famosa habitación.

Historia de la octava maravilla del mundo

La Cámara de Ámbar, una habitación con las paredes cubiertas de paneles elaborados con seis toneladas de ámbar y adornadas con láminas de oro, mosaicos y espejos. Fue diseñada a principios del siglo XVIII como una opulenta sala de 16 metros cuadrados para Federico I, el rey de Prusia. Más tarde, en 1716 fue donada al zar ruso Pedro el Grande y finalmente se trasladó al Palacio de Catalina, cerca de San Petersburgo.

Sin embargo, cuando los nazis invadieron Rusia en 1941, desmantelaron la cámara y la trasladaron al castillo de Königsberg, en lo que era el estado alemán de Prusia.

Según Anatoly Valuev, del Museo de Historia y Arte de Kaliningrado, Königsberg era una «base de transferencia de objetos culturales [saqueados], que se almacenarían en la ciudad para su posterior transporte a otras partes de Alemania».

Pero cuando el Ejército Rojo se apoderó de la ciudad en 1945, no se encontraron rastros de la Cámara de Ámbar.

Sala de Ámbar.
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Réplica

En 1979, Rusia comenzó a reconstruir la habitación guiada por dos elementos originales restantes: una única caja de reliquias de la habitación y 86 fotografías en blanco y negro del espacio tomadas justo antes de la Segunda Guerra Mundial.

La reconstrucción tomó 23 años, pero hoy la imitación de la Cámara de Ámbar se exhibe en el palacio de Catalina en el Museo Estatal de Tsarskoye Selo en San Petersburgo, considerado Patrimonio de la Humanidad.

Con paredes que brillan en naranja y oro, esta nueva sala de ámbar da vida una vez más al antiguo encanto de la resina fosilizada.

Cámara
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