Por: Sol Luna Castillo

Hasta aquí, debería ser simple pensar y saber el objetivo y perfil de un comunicador. Pero a veces los significados se desvanecen por distintos contextos en los que ejercemos y que nos hacen dudar y/o doblegar de aquello seguro o parcialmente seguro de lo que somos. Por ello es importante realizar cada cierto tiempo (no solo después de una crisis, de una pandemia o a puertas de un Bicentenario) una evaluación para saber si vamos por el camino adecuado y afirmar asi lo que debe ser un comunicador.
Un comunicador debería ser en primer lugar honesto, característica que se exige por el hecho de que somos los encargados de llevar y producir mensajes a distintos públicos; no sería correcto manipularlos o usarlos a nuestro o a favor de otros, es crucial replicar información veraz. Nuestro entorno hace que esta sea una de las características más difíciles de cumplir, pero tenemos ejemplos dignos de emular en el ejercicio de este valor.


Por otro lado y fundamental, es desarrollar la capacidad de investigar, sin investigación no es posible hacer valer nuestro trabajo y argumentos. Las redes sociales nos han empujado a una situación donde se exige la inmediatez de la información y ahora todo se resume en unas cuantas palabras o videos de menos de 15 segundos, pero nada de esto vale si no hay un antecedente de investigación, por eso es una característica que debe reforzarse hoy en día, sobre todo porque las noticias falsas y la desinformación campean en nuestro país, lo hemos vivido en las recientes elecciones de segunda vuelta y ahora mismo.
Otro punto, no menos importante, es la empatía, no concibo a un comunicador que no sea capaz de entender y sentir al otro, la empatía es el lado humano que necesitamos en un mundo tan digitalizado. Avanzamos en tecnología y retrocedemos en esencia humana cuando deberían ir de la mano. El comunicador necesita seguir y repotenciar aquella chispa que es tan necesaria para que nuestros mensajes sean humanos.

Lo que nos ha llevado a escribir estas líneas es la pasión, sin pasión no hay motor que nos lidere, sin pasión no hay un buen camino asegurado, por eso el comunicador por más que podamos mencionar otras características y funciones que ha perdido por no entender(se). Una de las principales características y fortalezas para un comunicador frente al Bicentenario es la pasión, solo con ella sobreviviremos a estos tiempos que ya no pintan bien.

Finalmente, los comunicadores, nos encontramos en una posición privilegiada que debe reflejarse en un trabajo impecable e incorruptible (por más que distintas fuerzas de poder nos digan lo contrario) para que se entienda no solo como una profesión necesaria, sino como una que deba demostrar su vocación junto a un salario que vaya acorde a nuestro trabajo y otros derechos laborales que merecemos. Para finalizar debo resaltar que hoy, el comunicador no debe perder su camino donde muchos ya lo hicieron cayendo ante las fuerzas fácticas que gobiernan nuestro país y lo han hecho durante los últimos 200 años. Resistir, es nuestra misión para trasmitir de mejor manera aquello que pueda explicar por fin qué es realmente ser comunicador y más en tiempos de crisis.

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