Fotografía de una estatua de Hopper (Cortesía: Norm Lanier).

Por: Esteban Couto.

De la película animada «A bug’s life» (1998), o «Bichos» en su versión en español, dirigida por John Lasseter y Andrew Stanton, me agrada el concepto de traslación campo-ciudad (y viceversa) que se halla en la primera mitad de la trama. Podría parecer una cinta simple para niños por su técnica de animación, su referencia evidente a las fábulas de antaño y un sencillo recorrido narrativo que marca sus cimientos en el viaje del héroe para conseguir lo necesario para cumplir su cometido, pero no. Más que eso, «Bichos» es el prototipo de un discurso de lucha social que podría establecer su base, inclusive, en un contexto revolucionario donde el despertar del pueblo (unido) es determinante para un cambio sustancial.

La historia no es complicada: Flick, una hormiga que vive en su colonia trabajando sol a sol para mantener junto a sus hermanos a una tropa de saltamontes, que amenaza cada cierto tiempo con acabarlas si no les dan el alimento que ellos piden, comete un error un día y a raíz de eso, la comida que la colonia le deja a los saltamontes se va literalmente al agua y cuando estos llegan, plantan una amenaza certera: si no les dan doble ración de comida para su próxima visita, los saltamontes acabarán con ellas. Flick, con su talento de inventor y su entusiasmo a tope, pide permiso a la reina para ir en busca de insectos que puedan defenderlos de los saltamontes y como ella, así como muchos de la colonia (excepto los niños), solo desean deshacerse de él y los problemas que sus inventos causan, termina concediéndole el permiso, por lo cual Flick emprende un viaje hacia la ciudad (que es en realidad un vertedero de basura, gran alegoría) para llevar a la colonia a insectos que puedan luchar por ellos contra los saltamontes. Y el punto de inflexión en la historia reside justamente en el momento que Flick se topa con unos bichos de circo a quienes confunde con unos rudos guerreros luego de ser testigo de una pelea que sostienen con unas moscas.

#MiEscenaFavorita sustenta mi argumento inicial: el discurso de Hooper, el líder de los saltamontes en esta película, confirma una perspectiva en el trasfondo de la historia: una hormiga por sí sola no te puede hacer daño, pero si todas se unen te pueden acabar: «si lo descubren, adiós a nuestro estilo de vida; no es por la comida, es para mantenerlas a raya», concluye Hooper, no sin antes darle una lección a unos soldados saltamontes que osaron cuestionarlo, ejemplificando este punto con un grano de mostaza, que por sí sólo no te daña, sin embargo en grandes cantidades puede aplastarte. Trasladado a una realidad donde han predominado regímenes totalitarios (especialmente el fascismo), la idea de este film radica en la unificación de los pueblos para hacer respetar sus derechos fundamentales y bajar al poder opresor y tirano que se aprovecha del más débil, siendo sólo un abusivo sector minoritario.

«Bichos» es una película animada por los estudios Pixar que, no obstante su referencia sutil a «Los siete samuráis» de Kurosawa, nos introduce a una particular reflexión acerca de cómo el poder hegemónico muchas veces utiliza el miedo como arma principal para preservar sus privilegios y mantener alineado a un sector subalterno que, si se le diera la gana, podría unirse y tomar por fin la rienda de sus destinos.

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