ilustración por Jaclyn Tapia Martínez

Por: Orlando Vides

La respuesta dependerá de la importancia que otorgues a la situación actual del país. El lunes 9 de noviembre presenciamos una toma ilegítima del poder, por parte del Presidente del Congreso, Manuel Merino, y al mismo tiempo cómo Martín Vizcarra se quedó con los brazos cruzados ante ella. Pasó casi una semana, y el 15 de noviembre, el señor congresista renunció a ser la persona más poderosa del país, producto de las protestas que se han levantado en contra de todo, no por Vizcarra, ni por sus delirios de poder. Sino contra años de corrupción, donde los gobernantes han venido haciendo del Perú su campo minero.

Sobre las protestas nombradas, se notó como se llamó a la toma pacífica de las calles. Sin embargo, notamos una falla tremenda de la policía, sobre todo en Lima, la cual usó bombas lacrimógenas y perdigones (balas que a pesar de no matar, te perforan la piel, su tamaño es mayor que el de una canica). Gracias a estas represiones por parte de los señores que solo cumplen órdenes, perdimos dos vidas, eso sin contar con la increíble cantidad de personas desaparecidas. Definitivamente, una demostración de la falta de empatía por parte de los altos mandos para con la población.

Comunidades de jóvenes en torno a la animación japonesa fueron parte de las marchas.

¿Hemos Terminado? Pues, tenemos nuevo presidente y si leíste el texto hasta aquí, ya sabes la respuesta. La verdad es que la gran mayoría del pueblo peruano está cansado de los malos gobernantes, en especial aquellos que no pasamos los 30 años, y que hemos vivido casi toda nuestra vida sin ver ningún presidente que valga la pena (a excepción del Señor Valentín Paniagua, el cual fue Presidente en un tiempo menor de 1 año, gracias al fax de Alberto Fujimori). Sabemos que nuestro silencio será perjudicial para los jóvenes del futuro, aquellos que heredarán estos lugares. Por lo que manifestar nuestra inconformidad contra los errores del Estado, es casi un deber ciudadano.

Al final, podemos resumir en que esta lucha no parará, pues si callan a una cabeza, otras dos saldrán a hablar por la caída.

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